Lennon… Asesinato o conspiración del FBI?

Ayer se cumplieron 34 años del asesinato de John Lennon. Cinco disparos de su fan, Mark David Chapman acabaron con su vida en la puerta de su domicilio en el edificio Dakota de Nueva York. Ese mismo día, realizó por la mañana una sesión de fotos desnudo para la revista Rolling Stone.  Cuando caminaba hacia su limusina para ir a la sesión de fotos, un grupo de fans le abordó. Entre ellos, su asesino: había venido por primera vez a New York para matarle.

Cuando regresaron, su asesino le estaba esperando para matarle. Le disparó y después se arrodilló para ser detenido. Chapman se declaró culpable en contra de sus abogados. Fue condenado a cadena perpetua. Se la ha negado ya dos veces la prisión condicional. Actualmente cumple condena en la prisión de Attica. Chapman tenía otras celebridades en su lista, como Elisabeth Taylor. Pero se enteró donde vivía y eligió a Lennon. “Creí que matando a John Lennon me convertiría en alguien, y en lugar de eso, me convertí en un asesino, y los asesinos no son nadie”

Los actos de tributo y homenaje a Lennon se suceden en todas partes del mundo, especialmente un jardín conmemorativo en Central Park,  frente al edificio donde fue asesinado. Se llama como una de sus canciones con los Beatles: Strawberry fields

Al día siguiente, Ono emitió una declaración: «No hay ningún funeral para John. John amó y rezó por la raza humana. Por favor, hagan lo mismo por él. Con cariño, Yoko y Sean».

Lennon usó la popularidad para llevar su mensaje y servir de instrumento en defensa de los derechos civiles y humanos.

Todo comenzó cuando conoció a Yoko Ono, la hija de un hombre de negocios japonés. Lennon removió su conciencia y la de sus seguidores. Los Beatles acababan de separarse y John y Yoko hicieron de la habitación de su hotel una trinchera por la paz.

Fletaron un barco por la paz, organizaron conciertos, de la igualdad, de los derechos de la mujer… Fueron iconos de la paz y lo demostraron de forma activa

Lennon usó la popularidad para llevar su mensaje y servir de instrumento en defensa de los derechos civiles y humanos.

Todo comenzó cuando conoció a Yoko Ono, la hija de un hombre de negocios japonés. Lennon removió su conciencia y la de sus seguidores. Los Beatles acababan de separarse y John y Yoko hicieron de la habitación de su hotel una trinchera por la paz.

Fletaron un barco por la paz, organizaron conciertos, de la igualdad, de los derechos de la mujer… Fueron iconos de la paz y lo demostraron de forma activa

Y por eso algunos creen que fue víctima de una conspiración tramada por el FBI. Las razones son entre otras, que la actitud de su asesino no fue la de un perturbado.

Según documentos desclasificados del FBI, John Lennon fue considerado un “Problema de Seguridad Nacional”; era calificado como “extremista”. Esta consideración de amenaza para el gobierno estadounidense hizo que los servicios secretos no dejaran de espiarle y de acosarle hasta el final de sus días.

El propio John Lennon confesó, ante las cámaras de televisión, haber sentido miedo en más de una ocasión, y llegó a decirle a un amigo que si a él o a Yoko les ocurría alguna vez algo grave, no sería un accidente.

Según publicó Rolling Stone, “en una entrevista exclusiva para la BBC, Chapman recordaba: “Pasó a mi lado y entonces escuché en mi cabeza: ‘Hazlo, hazlo, hazlo’; una y otra vez”. Chapman, con una serenidad robótica, confesaba a la BBC: “No recuerdo tener intención de hacerlo. Debí de haberlo hecho, pero no recuerdo siquiera haber apuntado, o como quieran llamarlo. Simplemente apreté el gatillo cinco veces”.

No hubo juicio, no consideraron que Chapman sufriera trastorno… El periodista –que escribió el libro Who killed John Lennon? tras años de investigaciones– habló con el teniente O’Connor de la policía de Nueva York, que acudió al lugar de los hechos la noche del 8 de diciembre de 1980; le confirmó su extrañeza ante la actitud de Chapman, “que podría haber escapado muy fácilmente sólo con haberlo querido. Tenía el metro al lado y no había nadie cerca que pudiera haberlo parado”. En cambio, Chapman se sentó, sacó el libro y se puso a esperar, como si hubiera cumplido una tarea.

La administración Nixon le espió con tanto descaro que el propio Lennon ironizaba con la cantidad de veces que aparecían “los técnicos del teléfono” por su casa. La CIA consideraba peligroso su poder de convocatoria, y este temor se tradujo en constantes actos de seguimiento, escuchas, amenazas veladas – como la de denegarle el permiso de residencia– y un generoso archivo de informes negativos, tanto del servicio secreto como del FBI, en los que se tachaba a Lennon de personaje nocivo para el bienestar de EE UU. Estas actuaciones cesaron bajo los mandatos presidenciales de Gerald Ford –republicano cansado de los tejemanejes de su antecesor Nixon– y Jimmy Carter –demócrata al que Lennon había apoyado–.

Aunque Carter todavía era presidente el 8 de diciembre de 1980, las elecciones celebradas el 4 de noviembre pasado habían dado ganador a Ronald Reagan, que, siempre según la teoría de Bresler, estaría ya operando en la sombra en asuntos de seguridad nacional como el de Lennon (que para algunos lo era).

El nebuloso Mark David Chapman había pasado muchos años involucrado como voluntario en supuestos caladeros de la CIA camuflados de organismos humanitarios gubernamentales en Líbano o Hawaii, pero no hay archivos de sus tareas. No hay rastro. Era un hombre sin pasado, según Bresler, un candidato perfecto al que hipnotizar y utilizar como arma. Están las voces, está su extraña incredulidad ante sus actos, está su apatía posterior…”

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